En las últimas décadas, el sobrepeso y la obesidad son dos patologías cada vez más comunes en la población infantil. Surgen principalmente del almacenamiento de energía en forma de triglicéridos (grasa) cuando la ingesta en la dieta excede el gasto energético y prevalece en muchas sociedades debido a un entorno cada vez más “obesogénico” (Figura 1) en el que la actividad física ha disminuido y, sin embargo, los niños continúan expuestos a dietas poco saludables y de alta densidad calórica 1. La obesidad infantil se ha multiplicado por ocho desde 1975 y la prevalencia de sobrepeso y obesidad puede llegar al 23% en todo el mundo, siendo significativamente mayor tras la adolescencia 1, 2. Además, la mayoría de los niños obesos siguen siéndolo en la etapas posteriores y tienen un riesgo 5 veces mayor de padecer obesidad en la vida adulta que los niños con normopeso 3, 4

Figura 1. El ambiente obesogénico está relacionado con muchos factores que desembocan en sedentarismo e ingesta de alimentos de alta densidad calórica.

ENTRENAMIENTO DE FUERZA

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase de… “el entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes es perjudicial porque retrasa o inhibe su proceso de crecimiento”? Este es uno de los mitos más extendidos de las últimas décadas. Lejos de todo ello, el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la obesidad a una edad cada vez más joven ha suscitado el interés en programas de prevención y tratamiento basados ​​en evidencia científica adecuados para niños y adolescentes.

La fuerza muscular es un componente esencial de la aptitud física durante todo el ciclo de vida de una persona; sin embargo, el entrenamiento de fuerza ha sido principalmente el predominante en programas de entrenamiento para adultos; ¿y por qué no el de los niños siendo este de vital importancia? Recientemente, gran cantidad de evidencia sugiere que los programas de entrenamiento de fuerza diseñados y supervisados por profesionales cualificados ​​pueden ser una actividad física tan segura como muchos deportes de contacto o de alto impacto en los que los niños y adolescentes participan de forma regular 5, 6, 7 (Figura 2).

Figura 2. Entrenamiento de fuerza en adolescentes.

Por otro lado, el diagnóstico de diabetes tipo 2 y obesidad cada vez es mayor en jóvenes. Por ello, se han realizado investigaciones con el fin de ver la efectividad del entrenamiento de fuerza sobre la salud metabólica de los más pequeños. Tradicionalmente, las intervenciones de ejercicio con niños y adolescentes han sido aeróbicas 8, sin embargo, estudios recientes sugieren que niveles más altos de fuerza muscular disminuyen el riesgo de padecer síndrome metabólico en adultos 9 y resistencia a la insulina en niños10 independientemente de la aptitud cardiorrespiratoria que tengan. Por lo tanto, podemos concluir que el entrenamiento de fuerza mejora los valores de aptitud metabólica y, por ende, la salud en general de niños y adolescentes 11 debido a la gran cantidad de beneficios que aporta. Entre ellos destacamos el incremento de los niveles de fuerza, un menor riesgo de lesión, lo que lleva a tasa más bajas de lesiones relacionadas con el deporte, un mayor índice de fuerza ósea y de contenido mineral óseo y una mayor autoestima e interés en la práctica de ejercicio físico

¿QUÉ ES EL SÍNDROME METABÓLICO?

El síndrome metabólico es un conjunto de alteraciones cardiometabólicas que juntas representan factores de riesgo adicionales para las enfermedades cardiovasculares y metabólicas como es la diabetes tipo 2 12. Se presenta con mayor frecuencia en personas con sobrepeso, que afecta relativamente a pocos (3–4%) jóvenes de peso normal, pero según la definición utilizada, se presenta en el 26–50% de los niños y adolescentes obesos 13. La detección del síndrome metabólico en jóvenes con sobrepeso y obesidad requiere la realización de una historia clínica y un examen exhaustivo, buscando evidencia de comorbilidades en el sujeto. En el comienzo de la pubertad, se dice que hay síndrome metabólico cuando coinciden dos de las siguientes características: antecedentes familiares de diabetes tipo 2, etnia de alto riesgo, signos de resistencia a la insulina o enfermedades asociadas (hipertensión, dislipidemia, enfermedad ovárica poliquística o niños prematuros), historia materna de diabetes tanto de tipo 1 como 2 o diabetes gestacional, que afecta al niño con sobrepeso en cuestión 14. La presión arterial debe controlarse a partir de los 3 años. Los triglicéridos en sangre (HDL y LDL, entre otros) han de medirse en niños con sobrepeso entre las edades de 2 a 8 años y repetirse entre los 12 y los 16 años 15. Las pruebas de función hepática se recomiendan cada dos años a partir de los 10 años en niños obesos o con sobrepeso con otros factores de riesgo 14, 16.

ENTRENAMIENTO CONCURRENTE EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

La infancia y la adolescencia son periodos cruciales de la vida, debido a que a estas edades se producen cambios fisiológicos y psicológicos muy importantes. Del mismo modo, el estilo de vida y los hábitos tanto saludables como no saludables que se establecen durante estos años influyen en gran medida en el comportamiento de su etapa adulta, así como su estado de salud 17.

APTITUD FÍSICA Y ADIPOSIDAD

El número de investigaciones sobre la obesidad general y la central o abdominal y la relación con el estado físico ha aumentado de forma creciente en los últimos años. Los resultados del estudio AVENA indican que altos niveles de aptitud cardiorrespiratoria están asociados con un perfil metabólico más favorable en adolescentes españoles con y sin sobrepeso 18, 19. También se ha visto que para un determinado nivel de aptitud cardiorrespiratoria y un mayor nivel de aptitud muscular se asoció con una menor puntuación de riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular (Figura 3). Dichos hallazgos sugieren que ambas pueden tener un efecto combinado y acumulativo sobre la mejora de la salud cardiovascular en los jóvenes. En conclusión, estos hallazgos respaldan el concepto de que la aptitud cardiorrespiratoria y la muscular pueden ejercer un efecto positivo en el sistema cardiovascular desde una edad temprana 20

Figura 3. Relación entre la puntuación de riesgo de enfermedad cardiovascular (valor promedio de los triglicéridos estandarizados, LDL, HDL y glucosa) y la aptitud muscular para un nivel de aptitud cardiorrespiratoria en adolescentes. Una puntuación más alta implica un mayor riesgo de sufrir un evento cardiovascular; CRF, aptitud cardiorrespiratoria CVD, enfermedad cardiovascular; HDLc, colesterol (lipoproteínas de alta densidad) comúnmente conocido como “bueno”; LDLc, colesterol (lipoproteínas de baja densidad) comúnmente conocido como “malo”; MF, aptitud musculo-esquelética. Extraído de Ortega FB, Ruiz JR, Castillo MJ, Sjöström M. Physical fitness in childhood and adolescence: a powerful marker of health. Int J Obes. 2008;32:1–11.

APTITUD FÍSICA Y SALUD MENTAL

La salud mental es cómo las personas piensan, sienten y actúan al enfrentar las diferentes situaciones de la vida. Al igual que los adultos, los niños y adolescentes pueden tener trastornos de salud mental como depresión, ansiedad o baja autoestima. Las sesiones de ejercicio físico cardiovascular de cierta intensidad afectan de forma positiva al estado de depresión y a la autoestima. Por ello, la mejora de la aptitud cardiorrespiratoria es necesaria de cara a su bienestar psicológico 20. Además, se ha visto que también está positivamente relacionada con el rendimiento académico en los jóvenes 21

EN RESUMEN…

Podemos concluir que el entrenamiento concurrente (cardiovascular + fuerza) aporta muchos beneficios tanto en niños como en adolescentes siempre y cuando esté planificado y supervisado por un profesional cualificado. Gracias al entrenamiento de fuerza adquirirán patrones de movimiento libres de riesgo de lesión desde pequeños, edades en las que se pueden corregir descompensaciones y patologías muy comunes en niños y adolescentes como es la pronación del tobillo y la falta de control y conciencia postural, entre otras. Con ello evitaremos patrones de movimientos potencialmente lesivos como se muestra en la Figura 4.

Figura 4. Patrones de movimiento lesivos (valgo de rodilla, promoción de tobillo, etc.)

La finalidad de todo ello es lograr que lleven un estilo de vida más saludable realizando ejercicio físico concurrente y acompañándolo de una alimentación equilibrada para que repercuta de forma positiva en el resto de aspectos de su vida, con el objetivo de que este conjunto de acciones sirva como efecto protector ante futuros problemas de salud asociados, entre otros factores, a una baja aptitud tanto cardiorrespiratoria como musculo-esquelética en edades tempranas.

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